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miércoles, 3 de junio de 2020

Notas de lectura


"Aquí hay fuentes frescas, aquí, Licóride, prados blandos; aquí está el bosque; aquí moriría contigo de pura vejez" (Virgilio, Bucólicas).

"He llegado con tanto retraso al mundo que me he desorientado para siempre" (W. Shakespeare, Antonio y Cleopatra)

"Peligrosos son los viejos que conservan el recuerdo de las cosas pasadas y han perdido el de las muchas veces que las cuentan" (Montaigne, Ensayos)

"La esperanza, el mejor consuelo de nuestra condición imperfecta..." (E. Gibbon, Historia de la decadencia y caída del Imperio Romano)

"La melancolía es la felicidad de estar triste"  (Victor Hugo)

Felipe II, cuando estaba en su palacio de Lisboa, echaba de menos a los ruiseñores, “aunque algunos pocos decía en una carta muy sentida, se oyen algunas veces de una ventana mía”.
Y su hija, que era la destinataria, le contestó así a vuelta de correo: “Tenga cuidado, padre, de no caer en el pecado de melancolía”.

lunes, 25 de mayo de 2020

Diccionario de un leído de aldea


L
labio. El silencio tiene labios.
labrar. Verbo que ha dejado ya de conjugarse: ni el labrador labra la tierra, ni los jóvenes un sólido porvenir, ni el advenedizo una buena reputación, ni los honrados trabajadores una segura fortuna.
lagartija. La encargada de tomar nota de la temperatura en muros, tapias, caminos, pedregales y descampados.
lágrima. 1 Miraba con lupa sus lágrimas, por ver si eran verdaderas. 2 Con un hilo de lágrimas se ataron sus ojos al despedirse.
laguna. Que se hable de sus lagunas confirma que la memoria es un río.
latido. Acompasar los del corazón a los del reloj, o viceversa.
latín. Algunos teólogos sostienen que es la única lengua que se habla en el paraíso, aprendida instantáneamente y de forma natural por los que allí llegan.
lectura. 1 Vicio legal del que se puede disfrutar en público, así la definió no recuerdo ahora quién. 2 Veneno dulce y saludable. 3 “No hay dolor en la vida que no lo puedan curar dos horas de lectura” (Montaigne). 4 Cuentan que san Agustín, siendo obispo de Hipona, visitó en cierta ocasión al futuro san Ambrosio y le encontró leyendo en soledad y absoluto silencio, de lo que se quedó muy asombrado. ¡Lo nunca visto, que alguien leyera únicamente con los ojos y sin mover siquiera los labios! Y tanto le llamó el hecho la atención que lo anotó en su libro más conocido, Confesiones: "Cuando leía sus ojos se desplazaban sobre las páginas y su mente buscaba el sentido, pero su voz y su lengua no se movían".
leer. 1 Leer, leí no sé dónde, es el único vicio solitario que, practicado en público, se convierte en virtud (véase solitario). 2 Véase ojo.
leguleyo, ya. Persona que se tiene por legista, esto es, letrado y perito en jurisprudencia, y solo sabe las leyes de memoria.
leído. 1 Vale, referido al título de este libro, por amigo de los libros, única y exclusivamente. 2 ‘Es una persona muy leída’: ¡Con qué aprecio, consideración y respeto se pronunciaba esta frase antes en los pueblos, y particularmente en las familias pobres y modestas en cuyas casas no había libros! 
leña. 1 Con las manos, con piedras afiladas, con hachas, con sierras… Cortar la leña: una necesidad, una labor y una tradición tan antigua como el ser humano. 2 La leña, cuanto más verde, más negro echa el humo.
leñador. “¿Sabéis lo que dicen los árboles cuando un leñador entra en el bosque?: ¡Mirad, el mango del hacha es de los nuestros!” (Escrito en una pared de Belfast).
leporino. Tiene su gracia que guardemos con las liebres ese único parecido del labio superior hendido.
levantar. 1 No acaba de levantar el día: cuando está nublado y el sol no se hace el amo del cielo. 2 Tarda en levantar la niebla: cuando a esta le cuesta trabajo descoserse de los montes.
libélula. Insecto con apariencia y modales de helicóptero que tiene por misión sobrevolar en el buen tiempo las orillas de los arroyos y los ríos. Muy parecido, pero de menor tamaño y apariencia filiforme, es el caballito del diablo, que tiene la particularidad de plegar sus dos pares de alas reticulares cuando se posa, a diferencia de la libélula, que las mantiene horizontales.
libertad. ~de expresión. ¡Libertad de expresión: mecagüen la libertad de expresión!
libre. ¡Libre como la burra del guarda!, para ponderar la libertad del que hace lo que le da la gana, sin limitaciones ni ataduras.
librepensador, ra. ¡Llegar a ser libre y a pensar por uno mismo libremente!
libro. 1 Los libros, a partir, más o menos, de los doce años, habría que prohibirlos: es la única manera de que los adolescentes se interesen por la lectura. 2 Muchos no tuvimos en casa otro libro que el misal, el devocionario de rezos y novenas y la vida de algún santo. 3 Ningún libro ha sido escrito para ser comentado (a pesar de lo que creen algunos especímenes del gremio profesoral). 4 ¡Un libro en el que las palabras no se estén quietas, sino que fluyan como las aguas de un río, y que, lo mismo que estas a las hojas, así también arrastren ellas al lector y lo lleven corriente abajo hasta la desembocadura de la última página! 5 Los libros, que sin pedir nada a cambio, están siempre dispuestos a rescatarnos del aburrimiento y la mediocridad.
literatura. La mejor es la que está regada por la vida.
llorar. Lloraba todas las noches por el día recién terminado, que no iba a volver más.
llovedizo, za. Que ha caído inesperadamente, como una hoja.
lluvia. 1 La civilización viene con la lluvia. 2 "Amenaza lluvia", dicen. ¿A quién? ¿Al labrador? ¿Al turista?
luciérnaga. Adorno y centinela de la noche y los caminos, réplica terrenal de las estrellas.
lugareño, ña. Nos lo llaman los que creen que han dejado de serlo o se afanan por no aparentarlo.
lumbre. 1 Los pastores hacían las lumbres en el campo para calentarse la soledad y enseñarles los caminos de la tierra a las estrellas. 2 No hay interlocutor más paciente y comprensivo que la lumbre. 3 ¿Me das lumbre?, cuando le pedimos a alguien el mechero o las cerillas para encender el cigarrillo.
luna. 1 El pan de los poetas, y si son pobres y están enamorados –dones ambos que les son intrínsecos-, su única ofrenda y promesa, cotidianamente reiterada. 2 Reina de la noche, eterna peregrina, dispensadora de la humedad y del rocío, le cantaban los poetas antiguos. 3 El niño la observaba en cuanto se asomaba por detrás del monte, pegada a la raya oscura que cerraba por aquel lado el horizonte; tan pegada, que parecía que estuviera allí mismo, y que, al subir, se fuera rozando contra las peñas y los árboles más altos. Lo tenía decidido: en cuanto se hiciera un poco mayor y no le diera miedo andar él solo de noche por los caminos, subiría al monte, la esperaría escondido detrás de un roble y, si era fácil despegarla del cielo y no pesaba mucho, la traería para casa metida en un saco.  
lúnula. La media luna que asoma en la raíz de las uñas.
luz. 1 La del sol, la de la bombilla y la de la razón. 2 La del amanecer, tan tímida y asustada que parece que no se atreve a asomarse, temerosa de lo que en el mundo haya podido ocurrir durante la noche. 3 entre dos luces. Las dos que se saludan al ser de día o las dos que se despiden una de la otra al anochecer.


lunes, 18 de mayo de 2020

Vocabulario de una pandemia


No son pocas las palabras y expresiones que han pasado a formar parte del vocabulario cotidiano desde que llegó a nosotros el vendaval que sacude el mundo.
A las cosas, para que existan, se les ha de poner un nombre. El de la amenaza que nos atemoriza ya lo tenía, pero plaga y peste era ir para atrás, a la Edad Media, así que pandemia, que hay que explicar el significado porque no es lo mismo que epidemia.
Confinamiento, otra palabra que ha vuelto. También ella sufría lo que designa, pues raras eran las veces que salía del diccionario. Lo que nombra parecía cosa del pasado, y apenas nadie la usaba. Ahora define nuestro estado y circunstancia, y hasta los niños la conocen. Había otras, encierro, o reclusión, o aislamiento, pero no sonaban tan bien, por lo de las connotaciones que arrastran.
Otro tanto ocurre con la cuarentena, que es el aislamiento preventivo a que se somete durante un período de tiempo, por razones sanitarias, a las personas enfermas o portadoras de una enfermedad. Aunque al adjetivo preventivo habría que añadirle este otro, vigilado, pues concurre asimismo esta circunstancia, y se han impuesto por ello denuncias a los infractores. Cuarentena es palabra añeja, y acaso sea esa la razón por la que algunos la desdeñan, y quién sabe si también por las reminiscencias bíblicas que despierta: los cuarenta días y cuarenta noches que duró el diluvio universal, los cuarenta días que pasó Jesús en el desierto, los cuarenta días que comprende la cuaresma...
Nadie había oído hablar del dichoso bicho, coronavirus, un nombre que no le pega porque si bien se mira es bonito. A lo mejor para otra cosa, una medicina por ejemplo, o una de esas averías que tienen los ordenadores, o algún invento nuevo, pero llamarle así a un microbio tan maligno... Tampoco suena mal el nombre de la enfermedad, la covid-19, o el covid-19, que los dos géneros son correctos, aunque la Real Academia de la Lengua prefiere el femenino.
No sabemos si la vida que nos aguarda cuando esto pase será como la de antes, o si habremos de adaptarnos a esa nueva normalidad de la que hablan. Y ya de entrada sorprende la expresión, porque la normalidad, para serlo, presupone un hábito o costumbre, una forma de vida a la que se ajustan los quehaceres ordinarios, y cómo va entonces a ser nueva si previamente no se ha ejercitado. Pero la realidad hay que vestirla, y no lucen igual todas las telas.
La desescalada, así han bautizado a la situación en que hace bien poco acabamos de entrar, que ha sido posible, entre otras cosas, porque la curva se está aplanando, la curva de los contagios, se entiende; desescalada, que equivale a disminución o relajamiento, es vocablo incorporado del inglés y no lo registra el diccionario de la Real Academia.
Y con la desescalada, la previsión del futuro, cuadriculado en cuatro fases, regidas cada una por una serie de normas, entre las que destacan las franjas horarias para salir a la calle.
Se mantiene, no obstante, la obligación de respetar la distancia de seguridad. La distancia social se le llama también, pese al equívoco de la expresión, que solía emplearse casi siempre hasta ahora en sentido sociológico, para aludir a la diferencia entre los distintos estamentos.

     (La Razón, 17 de mayo de 2020)

miércoles, 6 de mayo de 2020

Ya ni sé qué día fue


Lo que sí sé, porque lo he recordado más de una vez estos días, es lo que hice aquel último día, y es lo que ahora voy a contar.
A eso de las diez salí con el mejor humor del mundo a comprar el periódico y me senté a leerlo en un banco de la plaza Molina. El cielo estaba azul y, aunque soplaba un airecillo fresco, daba gusto estar allí. Justo enfrente tenía a cuatro integrantes de los Testigos de Jehová que aguantaban de pie con la mejor cara en espera de atender a algún curioso, las mesas de las dos cafeterías que hay al lado estaban todas ocupadas y por el ascensor y las escaleras del tren no paraba de entrar y salir gente.
Compré el pan, entré en el bar de siempre a tomar un café, lo despaché enseguida porque solo había sitio en la barra y encima el otro periódico que leo estaba en posesión de otro parroquiano que no tenía pinta de soltarlo pronto, y pasé por el banco. Era mi intención hablar con la directora, pero como no había pedido cita previa y tenía dos personas delante, me contenté con las gestiones del cajero.
De vuelta en casa, me acababa de acomodar en el sillón con el libro ya dispuesto cuando me recuerdan por teléfono que urge renovar las existencias de fruta y verduras. Acudo presto a ejecutar la orden o el encargo, compruebo que todo lo que llevaba en la lista de la cabeza está en el carro, pago con dinero recién salido del banco, la cajera me pregunta solícita si necesito bolsa, le doy las gracias y misión cumplida.
Por la tarde a primera hora fui a devolver un libro a la biblioteca, y me llamó la atención que las salas de estudio estuvieran llenas: los exámenes del segundo trimestre, pensé.
Bajé luego dando un paseo, y en la Plaza de Gala Placidia, tomada por los niños que acababan de salir del colegio, me crucé con un escritor al que admiro mucho, Javier Cercas. Le veo de vez en cuando por el barrio, y siempre que eso ocurre pienso lo mismo: que ojalá le conociera personalmente y pudiera detenerme a charlar un rato con él.
En los tilos que dan sombra y ornato a la Rambla de Cataluña prendía el primer verdor de la primavera, y se adivinaba en el aire un casi imperceptible aroma. También, conforme bajaba, iba creciendo el trajín de los viandantes y el bullicio del tráfico.
Saludé al amigo con el que había quedado y entramos en una cafetería a tomar algo. No había ninguna mesa libre y optamos por acomodarnos en una de las que se ofrecen fuera al cobijo de unos toldos.
Pasó el tiempo en un santiamén, y, ya subiendo, en las inmediaciones de la Diagonal, tropecé con dos antiguos compañeros de profesión y evocamos algunos lances.
Y aún me dio tiempo, antes de llegar a casa, de llamar por el móvil a otro amigo para acordar los últimos detalles del largo paseo que nos iba a ocupar –privilegio de los retirados–la mañana del día siguiente. Que, ahora que me acuerdo, era la del 13 de marzo, fecha en que el Gobierno anunció el estado de alarma, de resultas del cual se impuso el confinamiento, y hasta hoy.

  (La Razón, 4 de mayo de 2020)

lunes, 20 de abril de 2020

Primavera aplazada


Es primavera, dice el calendario, y sí, el aire ha traído sus aromas y la luz dibuja con más claridad las cosas, pero, sorprendida, se ha quedado ahí fuera, esperando a que el mundo se recomponga.
Entró por las calles y, al encontrarlas desiertas, se dio media vuelta y se volvió a su escondrijo, que tiene uno en cada bosque, por si se hubiera equivocado de estación y no fuera aún su tiempo.
Y allí está, recogida en su casa como nosotros y en conversación consigo misma. Por lo que ha escuchado decir a los pájaros cuando, al volver de sus correrías, se lo cuentan a los árboles, sabe ya que nadie anda tampoco por los montes y que no se oye ni una voz ni un paso en los caminos.
No lo han hablado entre ellos, porque no les hace falta, pero todos han decidido hacer lo mismo: los pájaros, que organizarán conciertos en todos los sitios públicos, y particularmente en los parques y los patios de las escuelas que ahora están vacíos, para cuando otra vez vuelvan a tener quien los escuche; los árboles, que tardarán el tiempo que haga falta hasta echar los brotes más tiernos y lucir las hojas más nuevas; los caminos, que aprovecharán para alfombrar de flores las orillas y estudiar la manera de orientar mejor a los viajeros.
Es primavera, lo sabemos, aunque este año la hemos recibido a lo mejor como esas margaritas tempranas que, al oír zumbar a las primeras abejas, asomaron entre la hierba antes de tiempo y, sorprendidas de madrugada por un aire frío intempestivo que sopló de golpe, amanecieron con la cabeza ladeada y los pétalos mustios.
Pero igual que le ocurrió al poeta Antonio Machado cuando vio que, "con las lluvias de abril y el sol de mayo", le habían salido al olmo viejo y "hendido por el rayo" algunas hojas nuevas, también nosotros esperamos "hacia la luz y hacia la vida, / otro milagro de la primavera".

viernes, 10 de abril de 2020

A este lado de la pared


¿De qué se puede escribir en un tiempo como el que estamos viviendo? Más aún, ¿tiene sentido decir algo que no procure algún consuelo, que no traiga alguna ayuda o infunda siquiera alguna esperanza? Y también, ¿a quién le va a importar lo que uno pueda decir si no contribuye en algo a aliviar o entender o sobrellevar lo que está pasando?
Tenía aquí medio preparados unos cuantos asuntos, que considerados ahora parecen ya como de otra época, como si en el intervalo en que fueron esbozados y el presente en que se revisan hubiera habido algún socavón en el devenir de la historia, o el mundo hubiera padecido algún trastorno, o sin darnos cuenta estuviéramos todos siendo víctimas de algún mal sueño engañoso.
Este, por ejemplo, sobre diversos términos que se han apoderado del léxico actual (que se habían apoderado, me he apresurado mentalmente a corregir): reinventarse, ponerse las pilas, cambiar de chip, planes con niños, momentazo, hoja de ruta, empoderamiento, líneas rojas, calidad de vida (ganar en), desconectar (del mundo, del trabajo, de los problemas...), librar el partido más importante de la vida..., con una sección aparte para esa inexplicable afición por los diminutivos: veranito, fallito, puntito...
Y llevado por la querencia de las cosas de la lengua, un pequeño repertorio de expresiones con la fórmula estar que: está que trina, está que se sube por las paredes, está que muerde, está que rabia, está que bota, está que pega saltos, está que bufa, está que echa rayos, está que no vive...
Y otro, en pañales también, sobre construcciones con la fórmula no...ni...: no entender ni jota, no decir ni pío, no decir ni mu, no tener ni idea, no saber ni torta, no caber ni un alfiler...
También este, sobre el modo como aplicamos a veces los adjetivos a sustantivos con los que, en apariencia al menos, poco tienen que ver, y cómo de la unión de uno y otro salen expresiones bien curiosas. Por ejemplo: círculo vicioso, punto flaco, mentira piadosa, sana alegría, ciencias puras, de pura cepa, de rabiosa actualidad...
Y pariente del anterior, un apartado que, desatendido desde el primer día, luce título vistoso, Expresiones curiosas, pero tiene aún el escaparate casi vacío: presencia de ánimo, cargarse de razón, armarse de paciencia...
La paciencia que ahora necesitamos, y el ánimo y la razón de los que tendremos que armarnos cuando pasemos al otro lado de la pared que ahora se nos ha puesto delante.


miércoles, 1 de abril de 2020

Diccionario de un leído de aldea


I
ideal. Cultivar un huerto, y que los ángeles unzan la yunta y nos lo aren, como a san Isidro, mientras uno lee a la sombra.
idealista. “Un idealista es un hombre que, partiendo de que una rosa huele mejor que una col, deduce que una sopa de rosas tendrá también mejor sabor”. (E. Hemingway)
ilusión. 1 En nuestro tiempo, los niños la pierden cada vez más temprano; a los jóvenes, en cambio, apenas se les brinda esa oportunidad (no se pierde lo que no se tiene). 2 Y las ilusiones perdidas, ¿qué habrá sido de ellas?
imagen. Como la piedra desprendida de la cima de la montaña va al fondo del valle, donde encuentra reposo, así también…
improperio. Los que se lanzan como si fueran lanzas.
infancia. 1 En la infancia se es feliz por dos motivos: o porque se espera seguir siéndolo, o porque se sueña con serlo algún día. 2 Véase paraíso.
infusa. ciencia ~. Para la teología, el conocimiento recibido directamente de Dios; para los que no llegan tan alto, saber no adquirido mediante el estudio. Tengan razón la primera o los segundos, a todos nos habría gustado, en especial en la edad adolescente cuando teníamos que vérnoslas con los libros, que hubiera bajado del cielo como el maná de los israelitas en el desierto y se hubiera posado sobre nuestras cabezas y hubiera entrado siquiera un rato a alumbrar un poco nuestro entendimiento. 
intelectual. 1 Encargado de redimir a la clase obrera (véase clase). 2 Enemigo público de la televisión. 3 Personaje por lo general vanidoso, petulante, egocéntrico y alejado de la realidad (la cual, afortunadamente, suele ir siempre muy por delante de los rígidos esquemas mentales de todo aquel que pretende interpretarla).
invento. Alguien debería inventar una máquina que contara las palabras que uno ha dicho, y cuántas veces cada una. O un diccionario en el que, al abrirlo, apareciera, al lado de cada palabra, el número de veces que la hemos usado a lo largo de la vida. Así podríamos saber no solo cuáles han sido las más empleadas, sino también aquellas que, por las razones que sean, no hemos usado nunca. Periódicamente, una vez al mes por ejemplo, sería conveniente hacer una especie de estadística o recuento parcial, y repetir la misma operación al término de un año. Tendríamos ocasión así de verificar que son muchísimas más las que sistemáticamente relegamos que aquellas a las que, con mayor o menor asiduidad, recurrimos, y que son miles y miles las que se pasan meses y años sin que nadie se acuerde de su existencia. Y entonces a lo mejor, solo por compasión, nos proponemos hacer todo lo posible por sacarlas de esa vida tan aburrida que llevan en los diccionarios y airearlas un poco.    
ironía. Hay quien opina que a partir de los cincuenta años deja de cotizarse como un valor moral y literario.
isla. Nube de tierra (véase nube).
izquierda. ~de izquierdas. El que puede decir públicamente que lo es si quiere quedar bien (véase derecha).

J
jaculatoria. Larga y estrecha como una jaculatoria, que dijera el tío Patricio de una su tierra de labranza que sembraba las más de las veces de trigo trechel (también llamado marzal).
jarabe. Los jarabes, si se revuelven, son rebajas.
jubilado, da. 1 Suena ya tan mal como cuñado o cuñada: mejor decir retirado o retirada. 2 Muchos, al adquirir esta condición, ven que se les acaba el tiempo y quieren vivir lo no vivido hasta entonces.
juicio. “Nadie en su sano juicio…”, decimos, pero, ¿a qué adjetivo podríamos acudir  para expresar justamente lo contrario de sano: enfermizo, dañado, decaído…? 
jurisconsulto, ta. Por otro nombre abogado, persona que estudia, interpreta y profesa la ciencia del derecho; jurisperito, jurisprudente.