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miércoles, 26 de abril de 2017

Cantábrico

Somos la sombra verde del monte, y el repiqueteo minucioso y aplicado de la lluvia, y un rumor de manantial.
El chozo de los pastores solitario en la majada.
La luz azul del aire.
Los trinos del mirlo lloroso de amor entre los avellanos.
La quietud de las camperas altas a las que no llega el ruido del mundo.
Los riscos que oyen solo el brincar de los rebecos y el paso de las nubes.
La huella furtiva del oso en la hondonada.
Las esquilas que interpretan por la noche a la intemperie el son de las estrellas.
El enamorado arrullo al amanecer del urogallo, tinto el pico en sangre de arándanos.
Las rosas sin peso del espino, el musgo blando de las peñas, la corteza noble de los robles, la flor amarilla del piorno, el bosque aprendiz de los helechos.
El pregón nocturno de la carabiella.
La música del agua del arroyo.
El sosiego hacendoso de los valles y el sueño morado del brezal y la artesanía geológica de hoces, crestas y ventisqueros.
La miel con que dora otoño los hayedos.
El murmurar antiguo de los lobos.
La caricia fría del cierzo y el hilo de la niebla en las colladas.
Las frutas encarnadas del acebo.
Somos el eco del silencio y la memoria de las montañas por donde vuelan las águilas y duerme la nieve.

martes, 18 de abril de 2017

Palabras y expresiones de origen mitológico

En el diccionario, como en botica, hay de todo, por lo que el lector curioso que pasee por sus páginas -y el paseo resulta siempre grato y entretenido, y las sorpresas aguardan a la vuelta de la hoja- podrá encontrar en ellas no pocas palabras y expresiones que tienen su raíz en la mitología grecorromana. Estas, por ejemplo, que se ofrecen a continuación ordenadas alfabéticamente:

adonis Por alusión a Adonis, dios griego de gran hermosura,  que se usa para referirse a un hombre de gran belleza.
apolíneo, a Relativo al dios griego Apolo; hermoso, bello, y que en arte equivale a 'equilibrado, coherente', por oposición a dionisíaco.
arpía En la mitología griega, ser maligno con rostro de mujer y cuerpo y extremidades de ave de rapiña, que raptaba a los hombres y los llevaba a los infiernos. Se usa en sentido figurado y familiar para referirse a una mujer de muy mala condición.
ateneo Asociación científica o literaria, y local en el que tiene su sede. En Grecia se llamó así al templo de Minerva, diosa de la sabiduría, en Atenas.
ciclópeo, a Relativo a los cíclopes, personajes mitológicos griegos con un solo ojo en la frente; gigantesco, colosal.
dionisíaco, ca Relativo al dios Dionisos o Baco y a sus cualidades o características. En arte, y por oposición a apolíneo, equivale a 'impulsivo, instintivo'.
hecatombe Gran mortandad o catástrofe que causa muchas víctimas. En la antigüedad grecorromana, sacrificio ritual de cien bueyes u otras víctimas que se hacía a los dioses.
hercúleo, a Relativo a Hércules, o que tiene cualidades semejantes a las de este héroe griego, sobre todo en lo que se refiere a la fuerza.
laberinto Construcción llena de rodeos y encrucijadas, donde era muy difícil orientarse. En la mitología griega aludía al enredo de caminos que el rey Minos mandó construir a Dédalo en el interior del palacio de Creta. En este laberinto encerró el rey al hijo que su mujer (Pasifae) había concebido en su unión con un toro, un monstruo mitad hombre y mitad toro, el Minotauro, que se alimentaba de carne humana, y al que se entregaba todos los años siete muchachos y siete doncellas atenienses; el Minotauro será vencido finalmente por Teseo.
manzana de la discordia (la) Lo que es ocasión o motivo de discrepancia. Tiene su origen en un suceso de la mitología griega. Con ocasión de las bodas de Peleo y Tetis, padres de Aquiles, se reunieron todos los dioses, excepto Eris o Éride, diosa de la discordia, a la que se habían olvidado de invitar. Esta diosa, entonces, para vengarse, arrojó sobra la mesa del banquete de bodas una manzana de oro con la inscripción: Para la más hermosa. Inmediatamente, las tres diosas más bellas, Afrodita, Atenea y Hera, se la disputaron.
orfeón Grupo de personas que cantan en coro. Proviene de Orfeo, personaje mitológico griego que con sus cantos era capaz de dominar y embelesar a las criaturas.
quimera Ilusión, fantasía, utopía. En Grecia, designaba a un animal fantástico que, según la mitología, tenía cabeza de león, vientre de cabra y cola de dragón.
titánico, ca Relativo a los titanes; desmesurado, excesivo. En la  mitología griega, Titanes era el nombre que se dio a los gigantescos hijos de Urano y Gea, seis varones y seis hembras.


miércoles, 12 de abril de 2017

Historias de andar, reales como la literatura misma

Viajar
Los oigo que hablan detrás de mí mientras espero en el paso de peatones a cruzar la Diagonal y la atención se queda prendida al instante de lo que uno de ellos -el que parece de más edad, me ha dado tiempo a volver discretamente la cabeza y con disimulo hacer un reconocimiento fugaz- le va diciendo a su acompañante:   
-Viajar, viajar... Como si fuera una obligación. Llegan dos días de fiesta y hala, todo el mundo de viaje. Y a los mismos sitios, además. Porque hay que ir donde van todos, que es donde dicen las agencias y los anuncios y los que están detrás del negocio. Menudos paletos nos estamos volviendo, de tanto dejarnos llevar. En manada a los aeropuertos, o en fila india a quemar gasolina por las carreteras, y siempre por las rutas señaladas, y todo programado no vaya a ser que alguien se salga del rebaño. ¿O no es así? ¿Tengo razón o no la tengo? Es que, joder, ya está bien...
Ya en la Rambla de Catalunya, una de las calles de Barcelona que ha retenido porte y carácter, y acaso la más pacífica, entretenida y hospita laria para el paseo tranquilo, adapto el paso al suyo para no perder la conversación:
-Si parecemos robots... Y lo peor es que no nos damos cuenta, la gente está enganchada al sistema y tan feliz. Ni siquiera montándose el viaje por sus propios medios se libra. Porque sí, mucho internet y mucho organizar por su cuenta todo, los desplazamientos y el hotel y los aviones o lo que sea, pero luego a la hora de la verdad, ¿qué? Lo de siempre, y lo que te dice uno y lo que te aconseja el otro y lo que oyes por aquí y por allá. Tan listos como parecemos ahora, y nada, como si no hubiera más sitios. Sitios que no vengan en las guías, sitios donde no vaya nadie, que son los únicos auténticos que quedan. Y cada vez menos, porque allá donde llegan los turistas queda todo como si hubiera pasado el caballo de Atila, devastado. Bueno, a lo mejor exagero un poco, pero casi.
En el semáforo de Rambla de Catalunya con Còrsega se queda momentáneamente callado, pero enseguida vuelve sobre el tema:
-Mira lo que te voy a decir: a mí me gusta viajar, a quién no, al extranjero sobre todo porque lo de aquí no es que no me interese, no, lo que pasa es que lo tengo ya muy andado, lo que vale la pena conocer, que no es poco dicho sea de paso... Por dónde iba, ah sí, que a mí me gusta visitar países, y recorrer ciudades, y ver  museos, lo mismo que a ti, supongo, pero es que llega un momento en que hasta eso te planteas, si merece la pena. Que te paras a pensar y dices: sí, muy bonito, el monumento o lo que sea, pero qué, al fin y al cabo es ir hasta allí para hacerse la foto, presumir luego de que has estado en tal y tal sitio y poco más, no sé si eso compensa. Porque esa foto la tienes en todas partes, y ese monumento lo puedes admirar desde tu casa en el ordenador, y ese edificio lo recorres de arriba abajo con el móvil... ¿Tengo o no tengo razón? En resumidas cuentas, y a lo que iba, y no creas que hablo en broma: que a mí ahora en estos momentos, y es algo que vengo pensando y madurando desde hace una temporada, lo que más me gustaría es hacer como un amigo mío, a lo mejor ya te lo he contado, que viaja solo a pueblos pequeños como el suyo, para comparar, dice él. Pues a mí, fíjate bien, y eso que lo rural y el senderismo y esas cosas ni fu ni fa, me dan ganas de hacer lo mismo, visitar y conocer pueblos, pueblos adonde no haya llegado todavía el turismo y conserven una pizca de lo que eran antes, pueblos tranquilos donde se pueda andar por el campo y perderse uno solo si quiere por los montes, pueblos con vacas y con pájaros, pueblos donde viva gente que cuando llegan dos días de fiesta no tenga ganas de ir a ningún sitio y prefiera quedarse allí en su casa sin hacer nada descansando o aburriéndose porque es donde está más a gusto... 

miércoles, 5 de abril de 2017

Notas de lectura

No salen muy favorecidos los pájaros en las páginas del diccionario: tener la cabeza a pájaros o tenerla llena de pájaros, se dice de quien alimenta fantasías o ilusiones infundadas y se comporta por ello de forma algo atolondrada e insensata; cabeza de chorlito se aplica a la persona ligera y de poco juicio... Y otro tanto les ocurre a algunas aves: hacer el ganso equivale a hacer o decir tonterías para causar risa, ser un gallina es ser un cobarde...
Tampoco en el ámbito de la ciencia y el conocimiento salían los pájaros bien parados, pues durante mucho tiempo se les ha catalogado como meros autómatas voladores, dotados de un minúsculo cerebro capaz únicamente de gestionar conductas instintivas.
Hoy se sabe, en cambio, que los pájaros aprenden sus cantos como aprendemos nosotros el lenguaje, que imitan comportamientos de otras aves, que anticipan la llegada de una tormenta lejana, que pueden encontrar la ruta hasta un lugar en el que nunca han estado; 
que hay una especie que esconde hasta treinta y tres mil semillas esparcidas por docenas de kilómetros cuadrados y meses más tarde aún recuerda el sitio donde las dejó, y otra que es experta en abrir cerraduras, y otra capaz de resolver un rompecabezas en el mismo tiempo en que lo haría un niño de cinco años; que hay pájaros que saben contar y realizar cálculos matemáticos simples, y otros capaces de fabricar sus propias herramientas, de moverse al ritmo de la música, de entender principios básicos de física, de recordar el pasado y hacer planes para el futuro.
Por poner ejemplos concretos: que las palomas reconocen rostros humanos familiares, que los gorriones de Java distinguen idiomas, que las urracas reconocen su propia imagen en un espejo, que tanto los herrerillos como los carboneros adquirieron la habilidad de abrir los tapones de cartón de las botellas de leche que se dejaban por la mañana ante las puertas, algo que se pudo constatar en determinadas localidades del Reino Unido ya hacia 1920 y se vio posteriormente corroborado...
De esos tímidos animalillos descendientes de los últimos dinosaurios, que habitan en todos los rincones, desde el ecuador y los desiertos hasta los polos y los picos más altos, y en cualquier hábitat, en tierra, mar y agua dulce, y cuyo número, según cálculos de la comunidad científica, oscilaba a finales del pasado siglo entre los doscientos y cuatrocientos mil millones, lo que representa entre treinta y sesenta ejemplares vivos por persona, trata el libro El ingenio de los pájaros (Ariel, 2017), escrito por la científica norteamericana Jennifer Ackerman, y del que un servidor ha extraído los datos y las observaciones precedentes. También, a modo de reclamo, y porque no ha podido resistir la tentación, el párrafo siguiente:

"Muchas especies de aves son muy sociables. Crían en colonias, se bañan en grupos, descansan en congregaciones y se alimentan en bandadas. Escuchan a hurtadillas. Discuten. Hacen trampas. Engañan y manipulan. Secuestran. Se divorcian. Exhiben un pronunciado sentido de la justicia. Hacen regalos. Juegan al balón prisionero y al juego de tirar de la cuerda con ramitas, filamentos de musgo y trocitos de gasa. Roban a sus vecinas. Advierten a sus crías que se mantengan alejadas de las desconocidas. Se burlan. Cultivan sus redes sociales. Rivalizan por el estatus. Se besan para consolarse mutuamente. Enseñan a su prole. Chantajean a sus padres. Convocan a testigos para presenciar la muerte de un compañero e incluso hacen duelo".

lunes, 3 de abril de 2017

¿Juntas o separadas?

Según lo que se quiera expresar, porque ocurre con algunas palabras que juntas significan una cosa y separadas, otra. Por ejemplo:
.Voy abajo / Los venden a bajo precio.
.Hablará hoy acerca de ese tema / Sus ganancias ascienden a cerca de mil euros.
.Apenas viene por aquí / Le condenaron a penas muy duras.
.Nunca piensa en los demás / Le han cobrado de más.
.Ha habido un malentendido / El problema ha sido mal entendido.
.Es mediodía (o medianoche) / Estuvieron medio día (o media noche) buscándole.
.No temo el porvenir / Lo mejor está aún por venir.
.Quienquiera que haya sido, que lo diga / Quien quiera participar, que se apunte en la lista.
.Un sinfín de actividades / Un camino sin fin.
.Será el triunfo de la sinrazón / Protesta sin razón.
.Es un sinvergüenza / Actúa sin vergüenza.
.Lleva un sobretodo encima del traje / Sobre todo, no te olvides de llamar.
.Hoy también iré / Lo hizo tan bien que todos le aplaudieron.
.Aparte de esto, no tengo nada más que decirte; Tus cosas, ponlas aparte; La llamaron aparte / Su discurso no gustó a parte del público.

jueves, 30 de marzo de 2017

Efemérides literarias


Miguel Hernández nació en Orihuela (Alicante) en 1910. De familia campesina, fue pastor de cabras en su niñez, pero ya a los dieciséis años escribe sus primeros versos, fruto de la lectura de los clásicos. En 1934 se trasladó a Madrid, donde hizo amistad con Pablo Neruda y otros poetas. Durante la guerra civil se alistó como voluntario del lado republicano. Al terminar la guerra fue encarcelado, y en la cárcel de Alicante murió, de tuberculosis, el 28 de marzo de 1942.
De su obra poética destacan tres libros:
El rayo que no cesa (1936), expresión ya de los temas y procedimientos más personales: el amor, visto como un deseo insatisfecho, como un cuchillo que no deja de hundírsele en el corazón; la vida, amenazada por el "rayo" de la muerte, del dolor y de la pena. Todos los poemas están traspasados de pasiones intensas y sentimientos arrebatados.
Viento del pueblo (1937), escrito durante la guerra (algunos de los poemas fueron compuestos para ser recitados en las trincheras), inicia un tipo de poesía social, reflejo de sus ideas políticas de compromiso con la causa popular. El cambio temático se corresponde con un lenguaje más simplificado. Una muestra de ello es El niño yuntero, que "nace, como la herramienta, / a los golpes destinado" y a vivir uncido al duro trabajo de labrar la tierra con una yunta:

              Lo veo arar los rastrojos,    
            y devorar un mendrugo,          
            y declarar con los ojos          
            que por qué es carne de yugo.

Cancionero y romancero de ausencias (1938-1941), que recoge los poemas escritos en la cárcel. Es una poesía de versos cortos y con un lenguaje depurado, sobre temas entrañables y dolorosos para el autor: el amor a la esposa y al hijo ausentes, la nostalgia de la vida campesina, la guerra... A este libro pertenece uno de sus poemas más conocidos, Nanas de la cebolla, cuya dedicatoria, que estremece, dice así:
            Dedicadas a su hijo, a raíz de recibir una carta de su mujer en la que le decía que no comía más que pan y cebolla.

              La cebolla es escarcha
            cerrada y pobre.
            Escarcha de tus días
            y de mis noches.
            Hambre y cebolla,
            hielo negro y escarcha
            grande y redonda.
              En la cuna del hambre
            mi niño estaba.
            Con sangre de cebolla
            se amamantaba.
            Pero tu sangre,
            escarchada de azúcar,
            cebolla y hambre.
              Una mujer morena
            resuelta en luna
            se derrama hilo a hilo
            sobre la cuna.
            Ríete, niño,
            que te traigo la luna
            cuando es preciso.
              Alondra de mi casa,
            ríete mucho.
            Es tu risa en tus ojos
            la luz del mundo.
            Ríete tanto
            que mi alma al oírte
            bata el espacio.
              Tu risa me hace libre,
            me pone alas.
            Soledades me quita,
            cárcel me arranca.
            Boca que vuela,
            corazón que en tus labios
            relampaguea. [...]

La "mujer morena" alude sin duda a Josefina Manresa, con la que se había casado en marzo de 1937, y el hijo al que está dedicado el poema es Manuel Miguel, nacido en enero de 1939 (el primero, Manuel Ramón, había muerto a los pocos meses de nacer). Y la cárcel que se menciona era la de Sevilla, la primera en que estuvo preso tras ser detenido en al terminar la guerra. Pasó luego por otras, entre ellas la de Palencia, adonde llegó en septiembre de 1940.
En mi novela Ver nevar me permití recrear su estancia allí y la honda impresión que dejó en el protagonista, con quien compartía nombre, oficio y aficiones:

Tengo estos huesos hechos al frío de tanto como pasé en aquella cárcel húmeda y oscura de Palencia.
Pero allí aprendí lo que es el frío de verdad, que no es el que viene del aire sino el que sale de las entrañas mismas de la tierra.
 Que se lo pregunten si no al pobre poeta que trajeron preso una tarde amarilla de otoño. Creo que fue el segundo año de estar yo allí, en mil novecientos cuarenta si la memoria no me engaña [...]
Llegó encogido y tan triste que todos al verle nos quedamos, no sé por qué, en silencio y le compadecimos, y eso que a ninguno de los que allí estábamos nos faltaban motivos para sentir lo mismo hacia nosotros mismos a cada instante.
Tosía y escupía sangre y apenas salía de la celda como no fuera algunos ratos que lucía el sol para arrugarse en un rincón del patio, tapado siempre con una manta vieja y desgastada de la que nunca se separaba. Hablaba poco, y parecía mirarlo todo como desde lejos y  con un infinito cansancio en los ojos, unos ojos grandes y oscuros en los que parecía que llevaba todas las penas del mundo.
Si supimos que era poeta y que había escrito libros no fue porque él nos lo dijera. Lo que sí nos dijo fue que tenía un hijo pequeño al que hacía mucho tiempo que no veía, lo mismo que a su mujer, y preguntaba si no habría entre nosotros alguno que tuviera familia allí en Palencia que pudiera alojarlos a los dos unos días.
-Aquí en Castilla hay mucho pan –decía– y mi Josefina podría ganarse la vida de modista.
Un día, al fin, después de mucho dudarlo, porque, aunque allí dentro fuéramos los dos iguales, yo no podía dejar de pensar que él era un poeta que había escrito libros, me atreví a hablarle.
Estaba en el patio, hecho un ovillo al sol, tapado con la manta como de costumbre, y escribiendo una carta. Yo también había escrito cartas los primeros días de estar allí, pero nunca, ni tampoco después, recibí ninguna, solo la de mi hermana muchos años más tarde para decirme que mi padre había muerto. A él, en cambio, lo sabíamos todos, sí le contestaban, y enseguida le envidié por eso.
-¿Cómo te llamas? –me preguntó con una voz apagada y ronca.
-Miguel.
-Como yo.
-Sí.
Quería decirle que yo también había escrito algunas poesías, todas a Martina, como seguramente él se las había escrito a su mujer, y que me gustaba mucho leer, aunque allí apenas pudiera hacerlo porque no tenía libros, y que de más joven, desde los últimos años de la escuela, había soñado con hacerme algún día poeta y escritor, y que solo por culpa de la guerra y de la cárcel no lo había sido hasta entonces. Pero allí delante de él todas las palabras se me fueron borrando de la cabeza y no supe cómo volver a ponerlas claras y en orden.
Nos quedamos los dos un largo rato en silencio, él sin dejar de escribir y yo escuchando cómo la pluma rasgaba en apretados surcos el papel.
-¿Eras soldado? –me preguntó después.
-Sí –le respondí.
-¿Y antes de ser soldado?
-Pastor.
Pareció animarse al oír aquella palabra, pues dejó de escribir y me miró.
-Yo también fui pastor.
De lo hondo de sus ojos oscuros y grandes salió una luz que venía de muy adentro, un resplandor húmedo que brilló un momento antes de desaparecer anegado por el estruendo de la tos.
Fueron las últimas palabras que le oí, porque a los pocos días le trasladaron a otra prisión.


lunes, 27 de marzo de 2017

Mudanzas de cocina

De las cocinas de las casas de los pueblos, me refiero, de las mudanzas que en ellas ha habido en los últimos años, y mencionaré aquí únicamente lo que se refiere al mobiliario, o, mejor dicho, a los útiles y enseres, muchos de los cuales perviven solo, ellos y sus nombres, en la memoria de quienes aún los usaron. Estos, por ejemplo:
la alacena, con estantes y empotrada en la pared, donde se guardaban los platos, tazas, pocillos...;
el almirez de bronce para machacar los ingredientes;
la artesa en que se amasaba el pan antes de cocerlo en el horno;
el azafate, canastilla para los útiles de costura;
el badil, paleta de hierro para mover y escarbar la lumbre, recoger la ceniza, etc.;
el balde, cubo de cinc con asa para recoger agua, llevar la ropa a lavar al río, etc.;
el barreño, vasija de barro o metal, sin asas, más ancha por la boca que por el asiento;
el barril, vasija de barro, de gran vientre y cuello muy estrecho, como el botijo, para guardar y beber el agua;
el candil, con su recipiente de aceite en el que se empapaba la torcida o mecha, y el gancho para colgarlo;
el cántaro, vasija grande de barro, estrecha de boca y por el pie, ancha por la barriga y con una o dos asas;
el escaño, banco de madera con respaldo;
el odre para elaborar la manteca;
la pota, recipiente de porcelana, más hondo que ancho, con tapadera y un asa lateral;
el pote, vasija de hierro, redonda y panzuda, con dos asas pequeñas a los lados y tres patas;
el pregancín o las pregancias, cadena y gancho de hierro para colgar los calderos sobre el fuego de la lumbre;
el puchero de barro, más hondo que ancho, con un asa lateral;
el tanque, recipiente cilíndrico de latón, con un asa, utilizado para llevar agua o leche;
la tartera, cazuela de barro;
las tenazas, instrumento de metal para arrastrar la leña y escarbar en la lumbre;
las trébedes, cerco de hierro con tres pies que sirve para poner al fuego sartenes u otros recipientes;
y las cocinas económicas de hierro que se pusieron de moda en los años sesenta del pasado siglo, y que se calentaban con leña o carbón.