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lunes, 13 de marzo de 2017

Historias de andar, reales como la literatura misma

El rincón de los pobres
Están los tres acodados en la barra y tienen el gesto cansino y un mirar perezoso y cabizbajo. Reconcentrados como parecen en su acendrada camaradería, vuelven sin embargo la cabeza en cuanto se oye el ruido de la puerta y escrutan de refilón y con desgana al que acaba de entrar. Aprovechan entonces para afianzarse en el taburete, echar un vistazo a la calle y verificar complacidos el estado de calma general en el local.
También para beber otro trago, y lo hacen los tres directamente del botellín.
–No contamos para nada.
–Querrás decir que no cuentan con nosotros.
–Nos llaman cuando les apetece para votar y hala, ya no vuelven a acordarse de que existimos. Y mientras tanto, ellos haciendo lo que les da la gana...
–Eso es. ¡Y aparentando que se preocupan! ¡Como si no supiéramos que lo hacen porque ese es su papel, de lo que viven!
–Nada, que no se nos tiene en cuenta.
A una seña perentoria del último en hablar, el camarero les sirve otra ronda. Desdeñan los tres el vaso que les ha puesto y blanden al unísono con soltura el botellín.
–Si no es con Trump es con Putin, y si no es con Putin es con el Brexit, o con lo que sea, da igual, el caso es meter miedo...
–Y tenerla entretenida...
–Sí, también.
–Con el fútbol, por ejemplo. O con la televisión, o con lo que se les antoje... ¡Venga a hacer ruido!
–La cuestión es que no pensemos en otra cosa. El fútbol, la política, los líos de los partidos, la televisión, los móviles y hasta el internet, todo con tal de amodorrar al personal...
–¡Cortinas de humo!
–Y la gente, hale, siguiéndoles el rollo...
–Y cayendo en la trampa como moscas.
–¡A ver, si nos están aturullando todo el día!
–Y encima nos creemos informados... Si solo nos cuentan lo que les interesa, si no sabemos de la misa la mitad...
–Eso lo vengo diciendo yo desde hace mucho tiempo. Que nos engañan, que las cosas importantes no nos las dicen, que de lo que se cuece de verdad en el horno no nos llega más que el olor...
–A chamuscado casi siempre...
Entra una cuadrilla y se vuelven los tres a la vez. Recompuesto el orden, y tras unos momentos de silencio, reanudan la conversación, la voz y el tono un poco más apesadumbrados y no tan ligeros en aportar cada cual su razonamiento o su opinión.
–¿Y qué nos queda, a los pobres?
–Nada, conformarnos solo.
–Y apañárnoslas cada uno en su rincón. El rincón de los pobres como lo llamo yo.
–Pero eso es lo que quieren...
–Ya, ya...
–Que les dejemos las manos libres...
–Sí, y qué podemos hacer si no...
–No sé, no sé, pero si todos hacemos eso, quedarnos en un rincón como tú dices...
–Es que no nos queda otra.

1 comentario:

  1. Hoy, tu día contado, nos lleva a la barra del bar y allí, los protagonistas dan una clase de pedagogía en el rincón de los pobres, la cerveza se bebe directamente del botellín.

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