
"Es
preciso notar, en primer término, que todas las cosas humanas, como los Silenos
de Alcibíades [figurillas de fea apariencia que dentro contienen la imagen de
un dios], tienen dos caras que no se parecen en nada, de tal modo que lo que a
primera vista, como dicen, es la muerte, si se mira por dentro es la vida, y
viceversa: lo que se nos ofrece como hermoso, resulta feo; lo opulento,
paupérrimo; lo infame, glorioso; lo docto, indocto; lo fuerte, débil; lo noble,
plebeyo; lo alegre, triste; lo próspero, adverso; lo de amigo, de enemigo; lo
saludable, dañoso; y, en suma, si se abre el Sileno, todo se encontrará en
seguida del revés".
Por
lo que no cabe sino considerar, en palabras de Francisco Rico (de quien he
tomado también la traducción del fragmento, en Los discursos del gusto), "cómo cambian y cuán diversas y
complejas son en las distintas coyunturas personas, cosas y palabras; y, por
ende, qué singular cada una y qué relativas todas".
Aunque
en otro orden de cosas, algo tiene que ver con todo ello el proverbio del poeta
Antonio Machado:
Busca a tu complementario,
que marcha siempre contigo,
y suele ser tu contrario.
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